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Pasáme Un Ejercicio “

Allá por los 92-93 cuando yo ya venía trabajando en la E.T.B.A (Escuela de Teatro de Buenos Aires de mi maestro Raúl Serrano)como docente teatral para niños y adolescentes, me frenaban en los pasillos de La Escuela algunos de sus alumnos adultos diciéndome: “Me ofrecieron dar clases en una escuela, no me tirás algún ejercicio?”

Yo pensaba el ejercicio no te salva. Éste es precisamente el tema que ahondaré en esta nota.

El “ejercicio” para los alumnos en una clase de teatro es lo de menos, el problema es su fundamento, su propósito, el objetivo que uno tiene como docente en emplearlo. El momento del proceso de aprendizaje y tránsito en que un grupo de alumnos se encuentre.

¿Qué es entonces lo central?

¿Por qué enseguida viene la angustiante desesperación de quien repentinamente y con escasa o pobre preparación debe enfrentarse a una clase y la duda lo persigue “sin ejercicio cómo hago?” Necesito el ejercicio, eso me salvará la clase”.

Claro que se necesita del ejercicio. De la consigna apropiada. Esto es innegable.

La problemática aparece cuando no hay consistencia ni plan pedagógico que lo contenga, cuando no hay desde un marco docente con una línea a seguir coherente y fundamentada con lo cual las clases corren el riesgo de convertirse en precisamente eso: clases en las que se hacen distintos “ejercicios” sin encuadre, algunos más divertidos, otros menos. Pero no hay ni marco teórico por parte de un docente ni una clara orientación y “direccionalidad- pedagógica –metodológica”.

El alumno va recibiendo un tiempo de esparcimiento, a veces siente cierta liberación mezclada con regocijo tal vez.

Pero la responsabilidad docente es seria y sólo contar con una batería más o menos contundente de “ejercicios teatrales” (que, por otra parte pululan en manuales de ejercicios o bien hasta se los puede inventar, no teman) repito es no es la cuestión central ni el meollo metodológico cuestionable, a mi modo de ver.

La episteme aquí en discusión, el horizonte de conocimiento que se alcanza CON UN EJERCICIO, o con muchos de ellos o una ensalada de varios no soluciona la problemática planteada.

La búsqueda pedagógica-metodológica a alcanzar de modo grupal e individualmente son las pautas esenciales más que la fácil resolución del “ejercicio suelto” tanto para quien lo recibe:el alumno/grupo de alumnos cuanto el contexto o momento en el que esté inmerso. Demos un ejemplo:

Comienzo de un curso, la gente no se conoce entre sí. Por lo general con el profesor tampoco: DESCONOCIMIENTO GENERAL. Vendrá lógicamente el “ejercicio de la INTEGRACIÓN grupal”.

Esto es indudable. El popular ejercicio de los nombres y sus consiguientes variables.

Esto sin duda es adecuado. Ligado a la búsqueda de lograr confianza grupal etc, y etc, es indiscituble. Pero y después ¿QUÉ? Lo que importa es lo que persigo como fín último o como gran FINALIDAD. Y que el grupo se integre con qué fines.

Aquí propongo la inversión de la ecuación. ya no sería LA INTEGRACIÓN en general.

Parto de un supuesto: el miedo.

El objetivo es que un determinado grupo humano social de individuos de la edad que tenga pierdan el miedo con el que parto de la base que tienen y desde allí en “el aquí y ahora” trabajo como coordinador-docente del grupo que tengo frente a mí, no del ejercicio.

El ejercicio pasa a ser la anécdota.

El “acontecimiento” :la actividad que se desarrolla”

Y el resultado: el clima logrado, la liberación, la pérdida del miedo inicial y perturbado.

Esto llevará un período que dependerá de hartos factores: algunos previsibles y otros no.

Habrá grupos demasiado liberados, por tanto se buscará lo contrario: apaciguarlos. Habrá grupos bloqueados, habrá que estimularlos, etc, etc, para su desbloqueo.

Pero la formulación mecánica:

Tiráme el ejercicio es preferible tirarla por la borda.

Otro ejemplo de ejercicio con fundamento descontextuado en este caso, de un proceso de grupo, pero quizás sirva como otro caso de ejercicio suelto que intenta tener su propio fundamento pese a estar fuera de un contexto grupal determinado así que no deja de tener la limitación y la paradoja del ejercicio de lista:

A partir de ESTIRAMIENTOS. Me estiro respecto del piso, de las paredes, del espacio que me rodea...de partes del cuerpo de los demás compañeros, tomando a estos como superficies. Uso no sólo las manos sino cualquier parte de mi cuerpo o del otro como superficie de apoyo para estirar. Busco el estiramiento de músculos, tensiono y relajo... Dejo salir los sonidos del cuerpo como cuando uno se despereza al depertarse. Dejo que el cuerpo saque sus propios sonidos...Acelero...Busco la misma consigna pero a toda velocidad. Busco un lugar en el espacio. Aquieto mi respiración. Me duermo...me despierto... “no quiero despertar”...tengo mucho que hacer en el día de hoy...con sólo recordar todas mis obligaciones del día no quiero despertar...5 minutos más...remoloneo 5 minutos más...pero tengo que despertarme...vuelvo a la posición fetal resistiendo...no quiero despertar...lucho para seguir allí relajado, pero debo despertar...despierto...se me hizo tarde...estoy apurado...me lavo la cara, los dientes...me saludo con quienes vivo...hay que desayunar ( a partir de allí el grupo sigue improvisando lo que suceda, discusiones por la convivencia, etc.. )

Tratar de que se terminen uniendo ayuda a generar confianza grupal, identidad grupal, ya que parten del conflicto individual ( primera situación del despertar ) hacia un conflicto grupal ( tareas a realizar: distribución de roles, organización, etc) hacia la unión grupal.

El ejercicio pasa de ser una simple consigna a complejizarse con un sustento de actuación desde una metodología clara.

No más ejemplos.

La reflexión principal aquí entonces y para ir cerrando esta primer reflexión ya que empezaré a hacer otras en la medida en que interesen a los lectores es que hay que superar la instancia del ejercicio e intentar

“ Ir más allá de su puntual objetivo porque esto es lo que vehiculiza la verdadera tarea docente.”