SOBRE UNA ESTÉTICA DE LA INFANCIA:

INTRODUCCIÓN:
El juego es un tema bastante complejo y abarcativo. Se lo puede enfocar desde distintas perspectivas. Es una actividad humana que surge como fenómeno natural desde la niñez. Su estructura. Sus consecuencias y causas psíquicas. Sus manifestaciones en la vida adulta. El uso que realizan los medios masivos de comunicación, reflejados en los dibujos animados, diseños de juguetes, publicidad. Su relación con el arte, por nombrar algunos ítems en relación a éste.
En este trabajo trataremos de profundizar en una sola línea: el juego y su relación con el arte. Luego, de desarrollar los conocimientos fundamentales del juego y sus funciones, intentaremos analizar cuál sería la existencia de una estética de la infancia. Analizar desde una perspectiva teórica la posibilidad de proponer al juego como la base fundante sobre una estética de la infancia. Ya que de otra manera sería bastante difícil y poco probable abarcar todo lo concerniente al juego en general e infantil, en particular. Hay distintos marcos teóricos y es bastante probable que el trabajo se diversifique y se torne inabarcable. Hago esta salvedad porque el tema es muy grande y la conciencia de esto me hace escribir el comienzo del mismo con la necesaria aclaración.
La conceptualización filosófica que un pensador como Gadamer hace al respecto es lo central en este escrito. Además de la posibilidad de reflexionar con él y a partir de él, junto con la asociación del tema producido por distintos intelectuales. Mezclado con mi propia praxis que tiene que ver con mi desempeño en la tarea como docente teatral.

DESARROLLO:
El interrogante central de este trabajo que me formulo es :
¿Es posible hablar de la existencia de UNA ESTÉTICA DE LA INFANCIA?
Si la hay... ¿en qué consiste, cómo?.
Partiremos en primer lugar entonces, por ahondar teóricamente en la concepción del juego, como noción fundamental que permitirá cualquier conclusión posterior. 
* EL JUEGO
Los niños juegan. Esto es una afirmación. Establecen esa actividad en forma natural y espontánea. El juego como situación de aprendizaje comienza desde el primer momento de la vida humana, para algunos estudiosos, el juego que el niño realiza con el pezón de la madre es ya una actividad lúdica y de aprendizaje. La exploración corporal que el niño realiza facilita la adquisición de juegos auto eróticos que resultan fundantes para el aprendizaje y conocimiento del propio cuerpo y como ulterior forma de conexión con el cuerpo de los otros.

Los niños y los adultos:

Los adultos intervienen en ese juego. Transformándolo en otra cosa. La diferencia entre alteración y transformación es fundamental. En la alteración la cosa es igual, pero diferente. En la transformación la cosa ya no es igual a la de antes. En el caso de los niños el jugar se transforma como ya lo mencionamos antes en la posibilidad de conocimiento del propio mundo (su cuerpo) y del mundo que lo rodea casi como una necesidad intrínseca en el modo de crecer. “... Una de las necesidades básicas en el niño es jugar. Freud sostuvo que un niño juega no sólo para repetir situaciones placenteras, sino también para elaborar las que le resultaron dolorosas o traumáticas. El hecho de que las situaciones traumáticas aparecen el en juego del niño, como asimismo las relaciones entre la maduración, el desarrollo y la aparición o desaparición de un juego a una edad determinada...el mundo de los niños es rico, cambiante, e incluye interjuegos permanentes entre fantasía y realidad. Si el adulto interfiere e irrumpe en su actividad lúdica puede perturbar el desarrollo de la experiencia decisiva, que el niño realiza al jugar” (Arminda Aberastury. Aportaciones al psicoanálisis de niños. Edit. Piados, 1971.pag.83).
Cuando el adulto interviene en esa actividad natural del niño transforma, desvía, anula, invade un terreno que le es propio y exclusivo al infante. Aquí podemos traer al respecto algunos comentarios que, justamente hablan en relación a esta intromisión del adulto en la vida imaginativa del niño y sus consecuencias. Realizados por el dramaturgo, director y profesor de teatro británico Keith Johnstone quien ejerció una exitosa carrera como Profesor de Improvisación en el Royal Court Theatre. Dicho profesor hace mención permanente a un maestro que le cambió su modo de ver la enseñanza y que viene a colación del tema que nos interesa: “... Stirling creía que el arte estaba en el niño y que no debía ser algo impuesto por un adulto. El profesor no era superior al niño y nunca debía demostrar ni imponer valores...” (Keith Johnstone, “Impro”Improvisación y el teatro. Editorial Cuatro Vientos Chile,1990.pag.8). Luego cuenta el caso de una niña psicótica que la toman como loca cuando estaba con otras personas, pero no cuando estaba con él. Debido a ausentarse unos minutos la dejó al cuidado de una maternal profesora quien paseando por en bello jardín: “... la profesora tomó una flor, y dijo, mirá esta hermosa flor Betty. Betty contestó: todas las flores son hermosas. ¡Ah! Dijo la profesora bloqueándola, “pero esta flor es especialmente hermosa” Betty rodó por el suelo y costó calmarla. De la manera más gentil esta profesora había sido muy violenta. Estaba insistiendo en categorizar y seleccionar. De hecho es absurdo insistir en que una flor es especialmente hermosa en un jardín lleno de flores, pero a la profesora se le permite hacerlo y no es percibido como algo violento por la gente sana. En esta forma se espera que los adultos distorsionen la percepción de los niños”.( K.Johnstone.Improvisación y el teatro.  pag3-4). Me parece muy interesante la visión de este profesor inglés ya que a lo largo de todo su libro postula nuevas fórmulas de enseñanza, y su forma particular de encararla. Su visión sobre la imaginación infantil y la presión y bloqueo que ejerce el adulto me resultó muy valiosa y viene a cuento de lo que queríamos explicitar en este escrito. Por un lado el adulto fortalece en lo afectivo, le es necesario al niño para su crecimiento y conocimiento de la vida, por otro contradictoriamente bloquea, anula, entorpece, juzga este crecimiento.
“La infancia es también lugar de saberes, desarrollados sobre todo durante el último tercio del sigloXIX, por los esfuerzos conjugados de la medicina, la psicología y el derecho. Estos saberes producen efectos contradictorios. Además de ser productores de control, lo son también de conocimientos gracias a los cuales la infancia se convierte en nosotros en un misterio insondable”
(Michelle Perrot, Historia de la vida privada, Buenos Aires, Aguilar/Taurus/Alfaguara,1991, pgs154). Misterio que trataremos de sondear y de desentrañar haciendo algunas reflexiones respecto de la infancia y la adultez como eje central: a través del JUEGO.
Pero cuando se trata del adulto que juega las condiciones son otras. Es decir que, por un lado tenemos al juego propio e inherente al infante mismo, por otro el juego, que desarrolla el sujeto en edad adulta. Y las relaciones e influencias que entre uno y otro acontecen. El adulto influye en la actividad lúdica infantil. El adulto ejecuta actividades lúdicas también.
Comenzaremos entonces por hablar del juego en general sin hacer todavía distinciones entre el juego infantil y el juego adulto propiamente dicho.
Tomando al filósofo Gadamer, el JUEGO, implica desde ya, jugadores que lo ejecuten. Es decir que es de por sí una actividad humana. Esto no quiere decir que el resto de los animales no la realicen. Hay gatos que juegan, perros, y animales salvajes que también lo realizan. Los primeros juegos observados en las especies animales, en los simios sobre todo, incluyen el despiojarse o sacarse pulgas, suponemos que en los principios de la raza humana, éste debe haber sido un juego de contacto muy importante dentro del clan. Es importante ver de qué manera juegan los chimpancés como forma de sociabilizarse y determinan así quién será el miembro dominante. Esto también puede verse en los seres humanos, de allí la importancia en los juegos competitivos. Los juegos olímpicos eran uno de los acontecimientos más importantes en la antigüedad griega. Hoy en día los acontecimientos deportivos junto con los mega conciertos son los fenómenos de mayor aglutinación de masa humana. La vida tomada como juego. Los juegos colectivos y en equipo convocan y aglutinan gente.

* SU ESENCIA:
Por un lado entonces tenemos jugadores que realizan un juego. “El jugador sabe muy bien lo que es el juego, y que lo que hace “no es más que juego”; lo que no sabe es lo que sabe...”(pag.144) Aquí Gadamer se está preguntando por la esencia del juego. Lo plantea como una esencia que va más allá de los jugadores que lo realizan. “el sujeto del juego no son los jugadores sino que a través de ellos el juego simplemente accede a su manifestación”( pag.145) “el juego humano requiere su propio espacio de juego...las reglas e instrucciones que prescriben el cumplimiento del espacio lúdico constituyen la esencia de un juego”(pag.150)
Luego Gadamer planteará al juego como una TAREA, es decir, la tarea misma de jugar le da sentido al juego.”el jugar a algo”. Tareas lúdicas, juego a la pelota, a la rayuela, con reglas, vale decir que el juego reglado permite una ordenación y configuración del juego mismo.
Y luego explicará un punto que me parece esencial : plantea al juego como AUTORREPRESENTACIÓN. El juego se limita a representarse. “la autorrepresentación del juego hace que el jugador logre al mismo tiempo la suya propia jugando a algo, esto es, representándolo....Jugar es siempre ya un representar.”( pag.151). Particularmente me resulta altamente interesante esta afirmación ya que el teatro es una representación, y como tal la principal tarea que debe desempeñar el actor es el jugar. Stanislavsky hizo hincapié en las acciones, en que el actor debe encontrar los conflictos y las acciones propias de sus personajes en  escena, pero en rigor, se debería plantear al actor la base fundamental que permitirá cualquier representación escénica y es el juego mismo. Sin juego no hay representación. La manifestación de ese juego puede desembocar en distintas poéticas, realismo, absurdo, grotesco, etc, pero lo que no debe faltar y lo que une a todas ellas, cualquier poética teatral que se ponga en escena es el juego. El juego del actor mismo. Para lo cual encuentro en este texto una riqueza teórica que fundamenta muchas de mis propias ideas. Para Gadamer cuando se representa para alguien, se juega para alguien adviene el teatro, la obra de arte. Mientras tanto es el juego por el juego mismo, el juego infantil no se realiza con el objeto de ser representado para alguien. En tanto que la representación teatral requiere esencialmente al espectador. Primera distinción que podemos hacer entre la actividad lúdica infantil y el juego que realiza el adulto en el teatro. El adulto-actor juega para alguien. Para ser mirado, para que alguien se ría o llore con él. Se compadezca, o se encuentre con él. En el caso del juego infantil no se realiza para un espectador. El niño lo ejecuta como descarga de sus propias fantasías, de sus propios conflictos y muchas veces opera como saneador de sus propias representaciones psíquicas. Siguiendo a Piaget encontramos varias fases de juego, desde su nacimiento hacia la vida madura. Tomaremos aquí la noción de juego simbólico semejante a lo que sería para un adulto un lenguaje interior, el niño a través de su juego representa, y le sirve como evocación de algún acontecimiento fuerte vivido. El adulto tiene la posibilidad de evocarlo por medio del lenguaje. El niño utiliza el juego como posibilidad de simbolizar sus propias angustias, sus pensamientos internos a través de un osito o una muñeca, etc.  Es decir que en el juego infantil aparece la expresión vinculada a alguna situación perturbadora, o no del psiquismo. Se pueden expresar sentimientos a través del juego en donde el niño pasa de haber sido sujeto pasivo a ser plenamente activo, tal es el juego del doctor, la maestra, de la mamá con sus muñecas, etc. El ser humano expresa a través del juego teatral aquello que necesita pasar a la conciencia pues ha estado reprimido por diversas razones. Se produce allí la proyección de conflictos internos. “Es indispensable para el niño que pueda disponer de un medio propio de expresión, o sea de un sistema de significantes producidos por él y adaptables a sus deseos: tal es el sistema de los símbolos propios del juego simbólico” ( J.Piaget. Ël juego simbólico. Psicología del niño. Madrid. Ediciones Morata,1969.pag.65-67).
*JUEGO INFANTIL,  JUEGO ADULTO:
Con esto podemos afirmar una primer distinción entre el juego infantil y el juego de la vida adulta que se produce a través de manifestaciones artísticas o celebraciones ( teatro o ritos religiosos, juegos deportivos, reglados, etc). Mientras que el niño  al igual que el adulto jugando representan. El niño representa sensaciones, imágenes que expresan su interior y las simboliza sólo a través del juego. Tomando algunos conceptos de Arminda Aberasturi “...Mi punto de vista se sustenta en la convicción de que un niño es alguien que piensa, siente, percibe, comprende y puede expresar su mundo interno, aún desde el primer año de vida...el niño expresa sus fantasías , sus deseos y sus experiencias por medio de juguetes y juegos...”(Aportaciones al psicoanálisis de niños. Ed.Paidos. Bs.As.1971, pag17)
El adulto elige como una de las tantas posibilidades que tiene, además del lenguaje propiamente dicho, la de jugar representando en una obra artística. Esta es una de las profundas diferencias, entre el juego del adulto y el del niño. El niño juega en forma espontánea, es un acto natural en él. En tanto que el adulto tiene “la intencionalidad” de hacerlo. Cuando el adulto representa está queriendo hacerlo, su intención es transformarse en otro, o interactuar con otra cosa concientemente, en el niño podríamos hablar de un acto casi inconsciente, como el soñar, el niño no lo hace con alguna intencionalidad conciente, simplemente “lo hace”. También encontramos en las reflexiones de Eric H. Erikson algunas cuestiones que justo merecen traerlas a mención: “... ¿Qué es entonces el juego infantil? Vemos que no constituye el equivalente del juego adulto, que no se trata de una recreación. El adulto que juega pasa a otra realidad, el niño que juega avanza  hacia nuevas etapas de dominio. Propongo la teoría de que el juego del niño es la forma infantil de la capacidad humana para manejar la experiencia, la creación de situaciones modelo y para dominar la realidad mediante el experimento y el planeamiento. El adulto proyecta la experiencia pasada en dimensiones que parecen manejables. En el laboratorio, en el escenario, y frente al tablero de dibujo, revive el pasado y así alivia los afectos residuales; al reconstruir la situación modelo, compensa sus fracasos y fortalece sus esperanzas...” (Juguetes y razones”en Infancia y sociedad , Bs As, Paidos, 1976,pgs,188-200) . Mientras que en el niño el juego funciona no sólo como descarga sino como búsqueda de modelos futuros, fantasías de lo vivido  muy recientemente y fortalecimiento de su personalidad futura, en el adulto adquiere características de otro orden. Se remonta al pasado de la personalidad, compensa angustias vividas, alivia al presente. Por otro lado tenemos la postura de que el teatro, el juego teatral propiamente dicho, se remonta al “jugar” como acto voluntario, en el caso del adulto, de hecho en otras lenguas actuar se dice “play”, “jouer”, “spill” que en castellano es traducido como jugar sintetiza esta compenetración entre Juego y representación.             
Si partimos de la afirmación que toda obra de arte implica el acto de jugar, su verdadera esencia es inseparable de su representación, ya que el juego es autorepresentación. Y es en esta representación que se ejecuta una construcción. “La representación se piensa y juzga como representación de la construcción misma”( pag.167). Es esta construcción la que permite la repetición. Lo que se repite no deja de ser siempre una representación, pero no la mera imitación de un modelo previo. Cada vez que se la representa adquiere sentido.
”El juego es una construcción...como tal puede ser representado repetidamente y puede ser entendido en su sentido. Pero tal construcción es también juego, sólo alcanza su ser pleno cuando se lo juega en cada caso...”(  Gadamer, pag.161). Es así que en el caso del teatro cuando ya está diseñada, armada la puesta en escena, la forma exterior, los movimientos y textos que dicen los actores, sólo adquiere sentido cuando se lo realiza una y otra vez. En el caso de los niños, ya conocen el juego, las palmas haciendo un mismo juego, el canto que se repite, la demarcación del espacio(rayuela), el juego de la pelota, pero lo que acontece es único, y cada vez que se lo ejecuta, allí y únicamente en ese aquí y ahora del juego adquiere significación.

APARIENCIAS:
En cuanto a otros aspectos del teatro, hay una cuestión interesante a reflexionar, vemos el uso del disfraz que el actor utiliza. Éste, le sirve para velar la propia identidad del actor-persona para dejar ver a los otros el personaje, otra identidad, en el cuerpo de un sujeto-actor. Aquí se complejiza el abordamiento que Gadamer hace respecto del juego. Cuál sería la identidad a la que accede el espectador. El actor no quiere que se le vea su propia esencia. Juega a ser otro. Pero en la apariencia. “Aparentemente el que juega de este modo está negando su continuidad consigo mismo”(pag.156) Pero en su interior la continuidad de su esencia no se corta sino que se vela ante los ojos del espectador. “los actores ya no son, sino que solo es lo que ellos representan”( pag.156). Es decir que el actor establece un juego de sí mismo para con los que lo miran. Es una representación de la representación misma. Trataré de ir describiendo y analizando lo que a mi entender, se relaciona con la posibilidad estética que se hace del juego.
En el caso de los niños, es más complejo aún, ya que ellos cuando se encuentran por ejemplo en una clase de teatro “son”sus personajes. No porque no puedan diferenciar del todo el terreno de lo imaginario con lo real, pero en el momento de representar, se presentan con y a través de sus personajes. Además las fronteras entre lo fantástico y lo real se mezclan fácilmente. Es muy lábil el límite. El niño tiene a flor de piel, espontáneamente la posibilidad del jugar, y jugar a ser otro, lo ubica casi en el instante a que ya “es”. Tal es el caso que ocurrió hace unos años del chico que creyéndose Superman se tiró de un balcón. El niño imita personajes del mundo fantástico que recibe y al imitarlos no quiere ser descubierto él, sino que se le descubra su personaje, el personaje que él mismo está representando. Cuando un niño representa, la pregunta es : ¿ves al ratón? Es decir, ¿te das cuenta del personaje que estoy siendo? ¿se ve en el niño el personaje que él quiere hacer? La intención del niño no es la de ocultarse él, sino la de ser el personaje que hace, sin total conciencia de que previo a esto debería ocultar su verdadera identidad. El niño juega a ser, sin conciencia de quién es. El adulto en cambio tiene la intencionalidad de ocultar su propia identidad para transformarse en otra u otro. Esta es una hipótesis de trabajo que tengo hace unos cuantos años en relación a la transmisión del teatro para niños. Ellos, en el momento en que hacen sus personajes, si hacen de Superman, juegan sin inhibición y “son” Superman. No lo hacen tanto para ser vistos por alguien cuanto para expresarse ellos mismo a través de otra identidad. Cuando esto se realiza para espectadores- padres, público en general, muchas veces no pueden realizar lo que en una clase y a modo de juego teatral realizaron antes. Porque allí aparece con mayor énfasis la presencia de un “otro”hacia el cual ellos deberán representar. En tanto que en el seno de una clase, cuando juegan a hacer personajes lo hacen “para ellos mismos”. A diferencia del adulto que cuando actúa lo hace necesariamente para “ser visto por otros” .
Tomando a Gadamer: “El niño pequeño empieza a jugar imitando, y lo hace poniendo en acción lo que conoce y poniéndose así en acción a sí mismo. La misma ilusión con que los niños se disfrazan, no pretende ser un ocultarse, un aparentar algo para ser adivinado y reconocido por detrás de ello, sino al contrario se trata de representar de manera que sólo haya lo representado. El niño no quiere ser reconocido bajo ningún precio por detrás de su disfraz. No debe haber más que lo que él representa, y si se trata de adivinar algo, es que”es” esa representación”(pag.158).
Si el actor con el método de las acciones físicas Stanilavskiano, va construyendo su personaje. Es decir que desde su yo, construye su personaje, el personaje es una silueta vacía que sólo puede ser llenada con un actor vivo que construye su personaje en el aquí y ahora. Si el actor trabaja desde su “yo” hacia el llamado “rol” y desde el rol llega al “personaje”, el actor vela su propia identidad, pero es desde la propia identidad que su personaje es. El actor se identifica con los conflictos y circunstancias del personaje y construye así su personaje pasando a tener otra identidad. En el niño, y ésta es mi hipótesis hace ya mucho tiempo, es al revés. Es decir que estaríamos hablando de un proceso inverso. El niño no quiere representar a otro que no es. El niño, como ya lo menciona Gadamer más arriba citado, “es” esa representación. Y quizás a medida que tiene más experiencia en transitar juegos teatrales va adquiriendo la capacidad de pasar de un personaje a otro, y en ese dinamismo encuentra sin darse cuenta, en qué se identifica con sus personajes. Vale decir que si el adulto debe empezar por un proceso que va desde la identificación hacia la forma para llegar a la construcción del personaje; en el niño el proceso es inverso, el niño parte del personaje para llegar a su propia identidad.
Identidad que por supuesto todavía es informe, está en plena conformación y elaboración, de ahí la necesidad permanente de elaborar cuestiones de la imaginación en constante mutación. Ya que el niño es un ser que está en permanente cambio, tanto físico cuanto mental, lo que lo “fascina”en el terreno de lo imaginario también se relaciona con aquello de la realidad que mute como él lo está haciendo. Cuando los niños se fascinan con esos dibujos animados de animalitos que se corren unos a otros, que se transforman en acordeones por un estallido y se vuelven a recomponer fácilmente, donde las consecuencias no son nunca trágicas. Los personajes de los dibujos pueden sufrir cortes, bombas, caídas en precipicios y a los pocos segundos se rearman como si nunca les hubiera pasado nada. En tanto que para el adulto la fantasía funciona como “el como si” para el niño funciona como el “es” y por segunditos vuelve a “ser”. La fantasía de mutar como la oruga en mariposa es más intensa en la infancia, cuando el cuerpo es transitorio y día a día descubre nueva regiones y corrige sus dimensiones. Como sujeto de estas mutaciones, los niños desbordan su propia identidad y juegan a escapar así del control del adulto que ejercen familia y pedagogía, abren la brecha hacia ese espacio propio e inalcanzable donde ellos habitan. Esto tendrá sus consecuencias estéticas que más adelante retomaremos, pero quiero dejar puntualizado aquí la importancia del fenómeno en la mutación de la personalidad del niño, y sus efectos luego en la representación que él mismo hace de ello. Además de lo que los adultos, apoyándose en este fenómeno realizan en cuentos, narraciones, dibujos, publicidad, todo lo dirigido “para los niños” ya forma parte de una estética específica, que podríamos denominar infantil.
Cuando Gadamer afirma:”...Es juego la pura realización de movimiento...el movimiento no tiene un objetivo en el que desemboque, sino que se renueva en constante repetición. El movimiento de vaivén es para la determinación esencial del juego tan evidentemente central que resulta indiferente quién o qué es lo que realiza tal movimiento...” Aquí Gadamer se aleja cada vez más de la subjetividad en relación al juego, está tan alejado de ser un acto puramente subjetivo, que se independiza de un sujeto que lo genere o sostenga, más bien se sostiene con la sola posibilidad del movimiento al que llama vaivén. Como un juego de por sí, desligado de quienes lo jueguen. Hasta menciona juegos de colores, de las olas, de la naturaleza misma. “Algo está en juego con..., algo se pone en juego...” es decir que el juego mismo es el sujeto, no hay quienes lo ejecuten, no hay sujetos de la acción sino que el sujeto pasa a ser el juego mismo. El juego se juega, el sujeto que acciona es el mismo juego que se está jugando. Los jugadores o el jugador que lo juega es casi un objeto podríamos decir, del juego que se lleva a cabo. A tanto llega su planteo que ya no es el jugador el que juega y se fascina con el juego, sino que siendo el sujeto el juego, éste se hace dueño de los jugadores. El riesgo de quedar atrapado en el mismo juego. El sujeto: JUEGO: absorbe, devora, fascina al objeto: jugador(vencedor-vencido, en el caso de los juegos competitivos). Tal es el caso extremo de la patología del juego a la que se llega en el caso de los jugadores compulsivos. Son ellos víctimas y poseídos por el sujeto juego que los devora. No pueden dejar de jugar en forma compulsiva tomados por el juego mismo.
Habiendo hecho este análisis para llegar a algunas concepciones de lo que es esencialmente el juego y la modalidad que adquiere tanto en niños como en adultos, su funcionamiento en el orden psíquico  ( interjuego entre fantasía y realidad) pasaremos a detallar algunas consecuencias en el orden de lo estético, punto central en este escrito. Pero tomando en cuenta que si no hubiéramos descripto los aspectos que fundamentan la noción de juego, no podríamos haber realizado este abordaje.
Pasaremos a relatar las distintas formas estéticas en las que se hace uso de la noción de JUEGO infantil, que explican la producción artística fundamental que se hace frecuentemente para los niños.
* LA REPETICIÓN (Sus consecuencias estéticas)
Por un lado mencionar la repetición como característica del juego infantil: como forma de reconocimiento. Este fenómeno posibilita la seguridad de que algo se repite y allí es donde el niño reconoce lo ya conocido. Entonces empieza a disfrutarlo. Hace unos años se realizaron esa serie con muñecos que repetían una y otra vez la misma secuencia, tanto de movimientos como de textos que se pasaba por televisión: Los Teletubbies. Tienen un gran éxito ya que estaban hechos en base a ésta necesidad por parte del infante de la repetición. “...Sabemos que para el niño esto es el alma del juego, que nada lo hace más feliz que el “otra vez”. El oscuro afán de reiteración no es menos poderoso ni menos astuto en el juego que el impulso sexual en el amor. Toda vivencia profunda busca insaciablemente repetición y retorno, busca el restablecimiento de la situación primitiva en la cual se originó. ..”( Juguetes y juego. De W.Benjamin. La literatura infantil. Los niños y los jóvenes. Bs As. Nueva Visión. 1989, pags94). Aquí retomamos la noción que describimos anteriormente en cuanto a la diferenciación entre el juego infantil y el adulto mientras que el niño  “juega a” haciendo una y otra vez, repitiendo aprende y disfruta. Vimos que en el adulto es un “hacer de cuenta que”, un “como si”
( voluntario y conciente).

“REALIDAD Y FANTASÍA:
 En el caso de la literatura vemos como los cuentos de hadas suelen comenzar todos con la usual frase “había una vez” y finalizar con frases tales “colorín colorado este cuento ha terminado” que permiten como frases apelativas la inserción por parte del adulto al infante en el mundo de fantasía y al final el reingreso al mundo real. Justamente hemos trabajado arriba estas nociones entre realidad y fantasía para explicar aquí sus consecuencias estéticas. El niño naturalmente se sumerge en una indiferenciación. Por tanto, en los cuentos ( objeto estético) encontramos esta característica para disponer al infante al mundo de la ilusión y luego sacarlo de él. “...La narración ficcional constituye un objeto privilegiado para la experiencia estética infantil: el lector sufre las peripecias del cuento, que lo alejan de los conflictos cotidianos, sin por ello perder de vista que se trata de un juego, que las cosas les pasan a otro y que es posible interrumpir el relato, así como repetirlo reeditando el placer del primer contacto...”( Ël tesoro de la juventud”de Massat y Alvarado, publicado en La voz del otro, Filología,XXIVBs As,1989, pags 41) . Por un lado tenemos la necesidad del niño de que se le lea el mismo cuento una y otra vez ( repetición) y quizás encontramos en el uso de estos apelativos una sobreprotección del adulto por cuidar aspectos emocionales del niño, que todo lo contrario se fue transformando en un uso casi desvalorizador de la capacidad del mismo infante por ir descubriendo él mismo la diferenciación natural. Ya que no sólo se redujo su uso a los cuentos de hadas sino a toda la literatura infantil desbaratando el recurso del cuento de hadas, quitándole la sutileza original.
“...De este modo tironeada por la moral, la psicología, la pedagogía, o el mercado, la literatura infantil terminó perdiendo el rumbo y desarraigándose de la serie literaria.” (pag.42)
En el artículo de Graciela Montes, escritora y editora de libros infantiles, titulado “Realidad y Fantasía” tomamos la idea central que plantea que justo nos viene al caso ya que hace una especie de disquisición entre lo que es la realidad para el adulto y lo que es la realidad del niño. De cómo el adulto se fue preocupando históricamente de la realidad del infante.”Hay que admitir que si bien los grandes tardaron en descubrir a los chicos, de la indiscriminación se pasó a una especialización cada vez mayor, una habitación para los chicos, la industria del juguete, el jardín de infantes, muebles diminutos, ropa apropiada, la literatura deliberada, en fín, “lo infantil”. ...”( El Corral de la infancia. Acerca de los chicos, los grandes y las palabras, de Graciela Montes, publicado en Buenos Aires, por libros del Quirquincho en La colección Apuntes1990.P 14)
Resulta evidente que esa especialización desde el amoblado hasta las necesidades de los infantes que fueron reevaluadas y pensadas por el mundo adulto, muchas de ellas son creadas a favor de los infantes, pero muchas de ellas son tratadas como otro objeto de la sociedad de consumo y vista desde una óptica en la cual el niño es tomado como un adulto en miniatura. Como lo habíamos mencionado antes, como un adulto inmaduro y no es tomado como lo que verdaderamente es: un Niño. Con características singulares. Sujeto que se encuentra en pleno descubrimiento y desarrollo de su potencialidad vivificadora. Y del descubrimiento del mundo que lo rodea. Aprendizaje que realiza en constante momento y que resulta básico la actividad lúdica para su desarrollo.

Conclusiones:
Por un lado entonces, podemos afirmar que el juego es una actividad humana que se desarrolla desde el nacimiento y que no se abandona potencialmente jamás. Cuando digo potencialmente, me refiero justamente a eso. A la capacidad potencial de desarrollar el juego en las distintas etapas de la vida humana. Ya hemos hecho la distinción entre el valor que se le adjudica al juego infantil propiamente dicho y lo que se transforma en el adulto. A través de otros medios, el artístico sobre todo, el hombre sigue siendo un niño creador eternamente. El arte permite al hombre la posibilidad constante de un contacto con la realidad externa e interna atravesada por otros cánones que los habituales en la vida adulta. El desarrollo del acto creador nos pone en contacto con zonas de la pura espontaneidad e imaginación propias de una estética de la infancia. Si de ella habláramos, por empezar sacaríamos una primera gran conclusión: La estética de la infancia se monta sobre lo espontáneo, lo versátil, lo mutante, lo disparatado, lo que se repite, lo lúdico e imaginativo. Podemos decir esto después de haber desarrollado adelante que estas son justamente características propias de los niños. En su conducta, en sus necesidades se construye una estética que represente algunos de sus mecanismos propios. Una autora que merece mención y que curiosamente pervive hasta ahora por varias generaciones de infantes y de algunos adultos, es María Elena Walsh. Ella sintetiza mucho de la estética infantil. La manera de narrar, las palabras inventadas, lo disparatado de la realidad creada, diseñada especialmente para el mundo infantil. Personajes animales, de la naturaleza, que hablan, mutan, intercambian con los adultos, la magia que aparece en cuentos, narraciones, y canciones de la autora la torna un clásico infantil.
Otra de la forma que adquiere la estética infantil a través de los cuentos, dibujos animados o filmes giran en torno a la aventura. Al “VIAJE” de aventuras. Viaje a lo desconocido, que lo aleja de lo conocido y seguro, ámbito cerrado-familiar. Y lo pone al descubierto de un mundo imprevisto. Allí el niño se identifica con la sensación del estar perdido en el mundo adulto, se aventura a un mundo desconocido para él. Le permite arriesgar a conocer el mundo que lo atemoriza.
Una estética de la infancia entonces debería basarse en los resortes que mueven los mecanismos mentales, asociativos y afectivos que poseen los niños. Apoyarse en ellos y tomarlos en verdadera consideración. Una estética infantil sólo se puede realizar desde la infancia misma   y no para la infancia. Sólo conociendo los verdaderos motores, deseos, motivaciones y funcionamiento de la infancia podríamos hacer un verdadero re-planteo de lo que los infantes consumen como objetos estéticos para ellos. Y lo que para nosotros sería importante reconsiderar.

 

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